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I see you rushing now.

Tell me how to reach you.

Me gustaba comer sano, me gusta ser la persona que cuidaba su salud, que hacía ejercicio antes de llegar al trabajo, de tomar café, de tener mis tres comidas, tomar un refrigerio sano, ser el empleado alegre de la oficina, ser la persona utópica, ser la persona más feliz del mundo, incluso tenía un apodo, era Happy Boy, solían acortarlo y sólo me decían Happy, me sentía a gusto, nada minimizado, era respetado en el círculo en el que me movía, era visto como una gran persona, casi puedo exagerar y decir que era un ser de luz, eso me lo acredité por una carta que recibí de mi amigo secreto para un intercambio de Navidad.

-Eres una persona maravillosa que ha traído luz a esta oficina.

No dijo explícitamente que era un ser de luz pero como me gusta darme crédito de cosas, supuse que de ese modo sonaba más impactante y chistoson.

De ser todo eso a ser el miserable que está en una sala de hospital en espera por sus resultados de sangre, si no hubiera sido tan utópico, quizás ahorita viviría más que a gusto en la ignorancia, ¡oh santa, divina y empalagosa ignorancia!, que feliz sería.

Como el ser utópico que era me gustaba hacerme estudios para que en las conversaciones decir:

-He ido al médico para examinarme y he salido muy bien en todas las pruebas, soy todo un saludable.

Fue lo más mierda que pude hacer, creo que por mamón es que me enfermé.

Un día de entrega de las pruebas llegué con la alegría que me empapaba siempre, hasta el Médico me decía: -¿Cómo le hace usted para ser tan feliz?; le contestaba que era algo normal y muy natural que todos tienen dentro de sí pero nadie quiere explorar. Era un completo imbécil diciendo esa palabrería sin embargo no era mentira, era muy feliz, muy relajado, todo eso se fue a chingar a su madre cuando me dijo que tengo Leucemia.

Ese día hice el coraje de toda mi espantosa vida, ¿cómo era posible que yo la persona que se cuidaba tanto, era muy precavida y que no tenía vicio alguno estuviera enferma?, me parecía una mentada de madre.

Ese día me lo tomé muy alivianadamente, me fui a casa con la seriedad que te deja el recibir un diagnóstico de ese tipo, entré a la casa, tomé agua, me senté en el sillón, decidí cambiar de lugar y me decidí por ir a la cama y ponerme a llorar, quejarme, gritar, hacer ese grito ahogado de llorar, preguntar porqué a mí, porqué me toco a mí, patalear, envolverme en las sábanas y dejar que todo saliera por los ojos, dar vueltas y caer de la cama, volverme a levantar y volverme a enrollar del otro lado para volver a caer, sólo lo hice una vez porque para cuando caí al otro lado me di un golpazo en la rodilla que dije: - Está bien te vas a morir pero no te apresures a joderte el cuerpo.

Para quejarte no hay edad, para sufrir no hay edad, para morir no hay edad, puedes incluso no nacer, nacer muerto, es una culera la vida.

Esto de mi enfermedad me gusta decirlo en inglés, suena muy pomposo y a canción británica famosa o a banda británica de la temporada shoegaze o algo así, “Leuquimia”; me gusta repetírmelo todos los días a toda hora posible en la que recuerdo que me voy a morir y me entra la ansiedad, me la retira y me siento menos estresado.

Al día siguiente de todo mi drama en casa, era el más ojeroso de la oficina, el más demacrado y el menos alegre, estaba desconectado, todos teniendo su mundito lleno de chispitas de colores, lleno de alegrías breves y preocupaciones simples, y yo ahí, con mi pinche leucemia; escuchaba como chismeaban en la cocineta los de las otras áreas, viboreando la vida de los demás, criticando las vidas ajenas sin dedicarse críticas constructivas  a sus propias vidas.

¿Cómo la gente puede vivir así?, enserio, ¿cómo?.

Pasaron cuatro semanas en las que escuchaba la misma mierda, los mismos comentarios, la misma gente hipócrita, fingiendo vivir en un mundo de maravilla, al menos yo si era feliz de verdad, yo si disfrutaba lo que hacía, yo si era auténtico, muy mamón pero era real, me tocaba mirar a esos cerdos vanagloriarse de comentarios acreditándoselos como muy originales y nacidos de ellos, cuando los han robado de una serie televisiva donde el personaje seguramente es un arrogante o usa una combinación de palabras en una oración tan breve y simple que puedes despojar de armas de defensa verbal al tipo más seguro, ¿a qué se debía que esa bola de idiotas pudieran estar sanos? o que pudieran estar seguros de que no se enfermarían.

Divina, santa y empalagosa ignorancia, eso es lo que ellos tenían en conjunto, ignorancia, no lo soporté mucho más y exploté, no en llanto, sino en ira, uno tras otro recibió su merecido, su debida descripción.Ese día perdí por completo mi apodo de Happy Boy.

Me habían acreditado el puesto del amargado de la oficina, el que nunca mira atrás, el que no tiene sentimientos ni se tienta el corazón para los reclutas que trabajan mano a mano con él, me habían etiquetado como el hijo de puta más grande de la oficina, claro que los muy bastardos tenían su puesto por género, la sección femenina había sido cubierta antes que la masculina. 

Esa etiqueta te otorga poder, capacidad y habilidades sobre humanas dentro del mundo godinez, te vuelve algo así como intocable, te temen y te respetan, ya era respetado por mi forma de trabajar y mi alto desempeño, la etiqueta de ser un hijo de puta me vino a colocar en la punta más alta de la pirámide laboral, me encontraba sobre una aguja que estaba por encima de la punta de la pirámide, me sentía poderoso aunque con poder no siempre tiene que venir el abuso, exigía lo que se debía de exigir, no me iban a ver la cara de pendejo, tenía que estar preparado para cualquier pregunta.

La oficina se había vuelto un ciclo, llegas por la mañana, no ves a que horas llega el sol del medio día, no sabes a que horas llega el sol de las cinco o a que horas el sol se va de puntitas a esconderse y va montando lentamente la luna su telón de la noche, el día es una clara explicación de que todo termina, de que el final de la vida de cualquiera así es, mucha luz al principio, oscuridad de final.

No estaba preparado para vivir más con lo que hacía pero siempre había sido muy simple, orientado a lo que hago, quería cambiar mi estilo de vida, lo quería de verdad, salir a viajar, conocer algo que no estuviera en mi imaginación, lo malo de esto es que no tenía el valor suficiente para aventurarme, me sentía demasiado responsable como para abandonar lo que ya hacía, la vida de oficina me atrapó y esa vida es la que ahora me mata silenciosamente y sin dolor como el cancér que me traigo.

En este poco aventurado camino que llevo me pregunto si me alocaré de nuevo y volveré a mentarle la madre a todos los de la oficina o estallaré en una furia incontrolable y agarraré mi teclado y golpearé al primer idiota que se me acerque a preguntar algo que sea más que obvio, espero lo último suceda, no me quiero morir sin haberlo hecho.

Aunque al paso de muerte que estoy llevando pareciera que eso nunca va a ocurrir.

El primer paso es admitirlo…

Tengo leucemia.

Voy a morir.

No quiero morir.

Estoy perdido.

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La música es algo que en momentos de todo tipo me revive y me hace feliz.

Gracias (:

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I just wanna compliment your soul.

Esa parte de la canción que escuchaba para mi primer día de trabajo se me quedó muy bien marcada en mi cabeza, estaba que me meaba de los nervios, era un lugar nuevo para mí, la puerta de la oficina a la que entraría era transparente con un marco naranja, hubiera preferido que fuera blanco porque con ese marco que traía parecía funda de chicle como la de los iPhones C.

Intentaba parecer seguro de mi mismo y tranquilo, después de haberme roto la madre estudiando se supone debía tener un trabajo digno a lo que había estudiado y más que nada para darles gusto a mis papás.

El empleo lo vi por la tabla de empleos de la Universidad, pero no en una tabla digital o algo parecido, habiendo tanta tecnología y supuestamente generando tanto estudiante muy listo y capaz de innovar su entorno, las ofertas de trabajo las seguían publicando en esas tablas de corchos, adheridos los papeles con tachuelas de colores, unas que otras mordisqueadas, unas nuevas y otras sucias. Fue ahí donde vi la oferta, la leí a conciencia y revisé sus reviews entre la gente que ya trabaja ahí, con gente en mi ramo, la empresa era bien vista, tenía un puesto 87 en el Great Place to Work, ni tan malo, ni tan bueno pero estaba y lo que les importa a la mayoría de los que estamos iniciando en la vida de esclavo laboral es que por lo menos tengas beneficios y te traten entre comillas un poco bonito. Metí mis documentos, mi carta de pasante, mi carta de calificaciones, un documento que probara que no tengo antecedentes penales, darte de alta en el seguro social con la famosa hoja rosita, todo un rollazo de cosas que de estudiante nunca hice.

Las entrevistas fueron breves, unos cuarenta minutos de preguntarte qué es lo que has hecho, qué te gusta hacer y que esperas que harás en la empresa, lo común de todos lados; me soprendió mucho que no me hicieran un test de locura, esos que te calculan que tan mala persona eres o que tan loco te puedes poner, son los test de…, no recuerdo.

Tuve tres entrevistas, con la persona con el puesto más alto en el área, con el encargado o gerente del área y con la persona de recursos humanos, ahí pase a dejar todos los documentos solicitados, me dijeron que asistiera al siguiente día, ya que me darían una vuelta por las áreas, un curso de inducción de los departamentos de la empresa, todo para volverte el perfecto trabajador, para que te cases con su ideología, su misión, su visión y todas esas mierdas que al principio bien feliz te tragas pero que después de siete meses sabes que es pura bullshit.

Eso bien platicado me lo contó mi primo, él le veía el lado más crudo a esto de trabajar pues no le creía yo todo su cuento porque como es médico, llega el momento en que la buena persona que eras se te termina marchitando por desgaste físico, él más que nada era el claro ejemplo del mal humor y el culerismo, pensaba que no habría peor persona que él.

Llegando a la oficina lo primero que quería hacer era ir al baño, así que pregunté por él y fui, los migitorios estaban vacíos, ahí estaba yo completamente tranquilo, cuando dos tipos entran platicando a sus anchas y se meten a los cubículos mientras siguen conversando, algo como la versión moderna de mujeres de lavadero.

-¿Has escuchado del nuevo cuate?,

- Si, un sacrificio más para el rey de la amargura, ¿cuánto crees que dure?, le calculo como un mes.

-No lo sé, creo que menos, ¿ya lo viste?, se ve muy chamacon, no va a aguantar.

Mi paranoia estaba activada y jugando con mi nerviosismo porque tenía el presentimiento de que hablaban de mí, puede haber otro ingreso, no soy la única persona que ingresaría en ese día pero presentía que sí para ese departamento y que si hablaban de mí.

Que fastidio, me acaban de dar más miedo.

Salí para encontrarme con el que sería mi jefe pero antes un breve recorrido de las pequeñas oficinas dentro de la gran oficina, es como una madriguera, un conjunto de departamentos.

A un lado la cocineta, tiene un refri grande, como de casa, parece que pasan mucho tiempo ahí y tienden a guardar su comida, hay tazas en el trastero, unas cuantas limpias, otras sucias, he pensado que la taza que usas dice mucho de ti, me topé con una que decía: No cambiaría tu amistad ni por un millón de dólares; eso es muy ñoño, de verdad, ¿de quién es la taza?, ¿de la miss que se cree la más guapa en la zona?, después vi que el dueño de la taza era un tipo, mejor ya no pensé más en eso, espero no se me peguen hábitos ridículos o por amistosos me regalen algo así, juro que no usaré una taza así, la recibiría con un gustazo pero claro que después la escondería, me la llevaría a casa para plantar o colocarle un palito de bambú.

El olor en la zona era a café, la cafetera sonaba, aún no estaba lista la dosis de las diez A.M., olía todo pulcro, escuchaba muchos murmullos y había muchas miradas observando, unos cuantos en la cocineta preparando sandwiches, por haberme metido en mis pensamientos no me había percatado por completo que me estaban observando, muy fijamente, sin discreción; la mujer que me llevaba para el recorrido se paró a hablar con alguien y de fondo escuchaba:

-Pobrecillo, tan joven y buena persona que se ve.

¿Qué acaso me iba a tocar trabajar en el área de tortura?, ¿mi jefe o persona a cargo era el que tenía el mayor trabajo? o peor aún, ¿es un workcaholic y me iba a heredar esos vicios y me quedaría muy tarde a trabajar?, ¿por eso todos los demás que habían estado con esa persona se iban pronto?, ¿qué era lo terrible?, ya por favor que alguno de estos tarados me explique. Mi cara asomaba a gritos esa duda.

Finalmente llegue a la pequeña área donde me tocaría trabajar, un cuarto pintado con un rojo opaco, toda la oficina o complejos de oficinas eran como de juguete o sala para niños de guardería, muy alegre toda la cosa, creo que intentaban dar la imagen de “No somos miserables”, sólo cuando empezaras a trabajar te darías cuenta de todo el cuento detrás.

- Este será tu persona a cargo, bueno los dejo para que se conozcan y bienvenido a la empresa.

-Vale, muchas gracias.

La persona en frente de mí se veía normal, la palidez común de oficina, no tan delgada, a primera vista puedes deducir que es muy sencillo, muy serio, no salió de su boca saludo alguno para la persona que me introdujo a su zona, sólo un ademán, con la palma completamente extendida, me quedé ahí por cinco segundos después de la salida de la presentadora, él continuaba escribiendo en su computadora, por protocolo debe decir: -Hola me llamó tal cual y tu qué cuentas; es ahí cuando se daría la conversación larga de soy tal elemento de este departamento, me gusta el fútbol o soy fan de tal cosa, las reglas de la oficina allá afuera son, te va a gustar esto, los botes de basura están divididos de está forma, siéntate, adelante, te explicaré como trabajamos acá, bla bla bla, mucha palabrería me había inventado yo para ese momento, no es que haya soñado con el momento pero me lo figuraba a un estilo. Iba a saludar con un “Hola” cuando de repente él me lo corta:

- Lo importante de que estés aquí es que realices tu trabajo como sabes hacerlo y te sugiero no pierdas el tiempo, no quiero que lo perdamos en presentarnos, el apellido y el nombre no importa, yo no quiero tener un amigo de trabajo, quiero una persona enfocada a trabajar, ahora en tu equipo hay una pequeña guía para que entiendas de que va el proyecto actual, si tienes alguna duda me consultas.

Me había desarmado por completo, me senté atemorizado y leí de principio a fin la guía, mi infierno laboral había comenzado.

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Humf!

Así estaba yo en la mañana y parte de la tarde.

Ánimo señores, la paciencia es una virtud y a veces se acaba.

Lo lindo fue a la noche, gracias.

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Recomendación The National - Apartment history.

Tengo un severo crush con dicha banda.

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Recomendación de la noche:

THE NATIONAL - Lemonworld.

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Recomendación de la noche por parte de Jorge el Artista:

The National - Pink Rabbits.

(:

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Recomendación musical de la noche:

The National - Abel.

Escuchen el disco, es bastante emotivo, tienes sus toques de furia gijijiji

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De esas cosas que te suceden en la oficina.

Me habló el compilla Jorge el artista desde la sala de juntas del CC comentando que era un inversionista famoso llamado Mister Shit.

Hahahahahahahahaha.

Después de su labor nos trajo galletitas a la oficina, (: awww que lindo.